España afronta una transformación demográfica de carácter estructural. Las proyecciones actuales apuntan a que el país superará el umbral de los 50 millones de habitantes en el corto plazo, en un contexto definido por la baja natalidad, el envejecimiento acelerado y el papel creciente de la inmigración. Así lo constata el informe “La España de los 50 millones de habitantes”, elaborado por Opina 360 para la Sociedad Barcelonesa de Estudios Económicos y Sociales de Foment del Treball (SBEES), que analiza las tendencias demográficas que condicionarán la evolución económica del país en el medio y largo plazo.
El estudio parte de una premisa clara: la demografía ha dejado de ser únicamente una dinámica social para convertirse en una variable estratégica del crecimiento económico, con efectos directos sobre el mercado laboral, la sostenibilidad del Estado del bienestar y la competitividad empresarial.
Un crecimiento demográfico excepcional en Europa
En el primer cuarto de siglo, España ha registrado el quinto mayor crecimiento demográfico de la Unión Europea, una posición destacada si se tiene en cuenta que varios de los países con mayor crecimiento son Estados de menor tamaño. Este aumento de población no se ha distribuido de forma homogénea: el 89% del crecimiento se ha concentrado en la costa mediterránea, Madrid y su entorno, así como en determinadas provincias cercanas a grandes áreas urbanas.
El informe identifica una correlación entre crecimiento demográfico y crecimiento económico. Las comunidades autónomas que más población han ganado en los últimos años son también las que han experimentado un mayor incremento del PIB y del empleo, mientras que aquellas con estancamiento o pérdida de población han visto limitada su capacidad de crecimiento.
Baja natalidad y envejecimiento: una tendencia estructural
Uno de los ejes centrales del análisis es la baja natalidad estructural. Desde 2008, España mantiene una tendencia descendente en el número de nacimientos, acompañada de un retraso sostenido en la edad de la primera maternidad, que se sitúa ya en torno a los 31,5 años. Actualmente, uno de cada tres nacimientos es de madre extranjera, un dato que subraya el papel de la inmigración en la renovación generacional.
Al mismo tiempo, España se ha convertido en uno de los países más longevos del mundo, con una esperanza de vida media de 84 años. Esta combinación de baja natalidad y mayor longevidad ha situado al país como el quinto más envejecido de la Unión Europea, con impactos evidentes sobre la estructura de la población activa y el sistema de pensiones.
Inmigración: motor de rejuvenecimiento y actividad
El informe de Opina 360 subraya que la inmigración es hoy un factor clave de rejuvenecimiento demográfico y sostenimiento del mercado laboral. En 2025, España cuenta con cerca de 6,8 millones de personas de nacionalidad extranjera, cifra que asciende a 9,4 millones si se incluyen las personas nacidas en el extranjero que ya tienen nacionalidad española. En la práctica, casi uno de cada cinco residentes ha nacido fuera del país, y tres de cada cuatro tienen menos de 40 años.
Esta aportación resulta determinante en un contexto en el que más de una quinta parte de los residentes de entre 20 y 54 años ha nacido en el extranjero, reforzando la base de población activa y contribuyendo al crecimiento económico.
Un déficit laboral de 1,4 millones de personas
Mirando a la próxima década, el estudio alerta de un desequilibrio estructural en el mercado laboral. Si se mantienen las tendencias actuales, España afrontará un déficit de 1,4 millones de trabajadores como consecuencia de la jubilación de más de cinco millones de personas y la incorporación de cohortes más reducidas de jóvenes.
Esto implica que un 6,3% de los empleos actuales no podrían cubrirse, lo que obligaría a incorporar cerca de 140.000 personas en edad laboral cada año para sostener los niveles de actividad y ocupación. En ausencia de flujos migratorios suficientes, este déficit limitaría el crecimiento económico y la competitividad empresarial.
La percepción ciudadana sobre el cambio demográfico
El estudio incluye una encuesta específica sobre la percepción de estos cambios. Los resultados muestran que dos de cada tres españoles reconocen que el crecimiento poblacional ha sido positivo para la economía. El 40% considera que la inmigración contribuye al crecimiento económico, aunque un 28% señala el aumento de la inseguridad como principal preocupación.
En cuanto a políticas migratorias, la opción mayoritaria (38%) apoya facilitar permisos de trabajo pero limitar las concesiones de nacionalidad. Sobre la baja natalidad, el 42,6% la atribuye a problemas económicos, muy por encima de otros factores. Además, en los resultados persisten preocupaciones relacionadas con la seguridad, la presión sobre los servicios públicos y el acceso a la vivienda.
Planificación demográfica para sostener el crecimiento
Para Juan Francisco Caro, director de Opina 360 y coordinador del estudio, “los fenómenos demográficos deben analizarse de forma conjunta, porque están interrelacionados y condicionan directamente la capacidad de crecimiento económico del país y de sus territorios”. En este contexto, el informe se plantea como una herramienta para anticipar escenarios y apoyar la toma de decisiones públicas y empresariales.
En un país que se encamina hacia los 50 millones de habitantes, la demografía deja de ser una cuestión de futuro para convertirse en un reto inmediato. Gestionarla con visión estratégica será clave para garantizar el crecimiento, la cohesión social y la sostenibilidad económica de España en las próximas décadas.
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